Tabúes: Los 5 prejuicios sexuales que deben quedar atrás

Tabúes: Los 5 prejuicios sexuales que deben quedar atrás

Si nos preguntamos en qué momento comienza nuestra vida sexual, la mayoría respondería que al instante en que perdemos la virginidad. Como sociedad, se nos ha enseñado durante años que el sexo es tema de adultos y mientras no cumplamos la mayoría de edad, no hay razón de hablarlo (mucho menos cuestionarlo). Sin embargo, nuestros instintos sexuales comienzan a través de la curiosidad desde la infancia.

El estigma que genera el conocimiento de la sexualidad en etapas de infancia es respuesta de una incomodidad, porque nos saca de nuestra zona de confort escuchar a un niño preguntar de dónde nacen los bebés o tener que recurrir al sinfín de metáforas heteronormadas como la del capullo y la abeja para poder explicar.

En muchos de los casos, el desconocimiento se mantiene y las personas pueden llegar a adultos sin haber desarrollado una habilidad para conectar con otros (y en la mayoría de los casos, incluso con sí mismos). Por esto, es importante romper el hielo y abrir la conversación a estos temas que terminaron perdiéndose en el baúl de los prejuicios.

Tabú #1: La anatomía

Desde la infancia a la adolescencia, sentimos pudor de que alguien nos vea desnudos porque sabemos que de la cintura hacia abajo estamos en una zona prohibida, aunque no tengamos suficiente consciencia para entender la razón. Por lo mismo, el único recurso que tenemos para derrocar el desconocimiento es comprender cómo funciona nuestro propio cuerpo. Para aprender acerca del resto, debemos partir por nosotros mismos.

Tabú #2: El libido

En primera instancia, la forma en que expresamos nuestra sexualidad parte por una necesidad biológica de reproducción y de satisfacción físico-psicológica. Es parte de nuestra naturaleza humana el sentir atracción por otros y cada persona lo manifiesta de formas distintas. Los ciclos menstruales, cambios hormonales y exposición al estrés pueden ser decisivos para nuestro libido, así que no debes avergonzarte porque tus genitales se comporten de forma distinta o más lenta que el resto.

Tabú #3: La experiencia

Vivimos atrapados en una generación que trata como campeón al hombre con experiencia, pero tipifica a la mujer de prostituta o de «fácil acceso» en el mismo caso.  Es importante establecer una línea entre la sexo y el respeto; si somos capaces de reconocer que la frecuencia con que alguien intima no tiene ninguna relación con su rol en la sociedad, estaremos dando el primer paso para un mundo más tolerante en estas temáticas.

Tabú #4: La vergüenza

El sexo está en todos lados, pero para muchos, sigue siendo motivo de burla, ingenuidad o inclusive, una puerta al infierno. No importa si eres cristiano, respetas el celibato o hiciste una promesa de castidad, reconocer que el sexo se practica por todos es fundamental para la discusión. La simple aceptación de esta realidad es clave para que dejemos de avergonzarnos.

Tabú #5: La salud

Gran parte de las enfermedades de transmisión sexual se desarrollan durante la adolescencia por falta de educación en métodos preventivos. Alrededor del 62% de los estudiantes escolares americanos ha tenido algún tipo de relación o acto sexual antes de cumplir la mayoría de edad y el 32% admite no haber usado condón, por lo que las tazas de jóvenes con VIH se han disparado inmensamente.

El acceso a diagnósticos y tratamientos médicos puede
ser garantizado por farmacias y centros médicos

públicos, así que nunca es tarde para buscar ayuda.

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